La historia de la “Casita de Tucumán», aquella que vio nacer a la Argentina un 9 de julio de 1816

Hablar del 9 de julio nos traslada irremediablemente a la capital tucumana de 1816, en plena guerra por la independencia aquella ciudad del norte fue testigo privilegiada de un paso gigante de aquellos primeros criollos que sentaron las bases de un país que aún no conocía su nombre. Aquel lugar elegido para realizarse el Congreso histórico fue una casa alquilada que el tiempo bautizó como “Casita de Tucumán”.

La casa de estilo colonial, ubicada en la calle Congreso 151, data de la década de 1760 y su primer dueño fue Diego Bazán y Figueroa de profesión comerciante. Tiempo después se la obsequió a su hija Francisca Bazán al casarse con el español Miguel Laguna. De lo que se sabe de la primera construcción es que tenía una entrada de tipo zaguán, dos patios, tres salones principales y con molduras ubicadas a ambos lados de la puerta principal, representando columnas salomónicas.

Casita de Tucumán, foto mitad de siglo XIX

Foto de 1868, la más antigua que se conserva de la casa.

No se sabe a ciencia cierta en qué fecha fue alquilada por el gobierno revolucionario para que se lleve a cabo el Congreso, pero se cree que fueron en los meses posteriores a la Batalla de Tucumán. La versión que siempre nos contaron es que fue la misma Francisca quien prestó la casa debido a la falta de otros locales apropiados, pero con los años creció la versión de que fue en realidad el mismo Estado de Tucumán quien dispuso de su uso ya que gran parte de la Casa estaba alquilada para la Caja General y Aduana de la Provincia.

En el momento de comenzadas las sesiones, en marzo, su dueña se instaló en una casa contigua y solo regresó a su vivienda una vez que el Congreso se trasladó a Buenos Aires. Durante ese tiempo la casa sufrió la demolición de una de sus paredes interiores que dividía dos de las tres salas para ampliar el salón.

Casita de Tucumán, salón

Así luce actualmente por dentro. 

Después de que el Congreso realizara su última sesión, en enero de 1817, la casa volvió al uso de los Laguna de Zavalia hasta 1874 que fue vendida al Gobierno Nacional y se la destinó como edificio de Correos, anexándole posteriormente el servicio de Telégrafo.

El lugar estuvo muchos años sin recibir las tareas de conservación necesarias y por décadas estuvo en estado de abandono, incluso cuando desde 1880 se celebraban allí los 9 de julio, y recién en 1903 se llevaron a cabo los primeros trabajos que se basaron en demoler gran parte de la construcción debido a su pésimo estado. Solo se «salvó» el Salón de la Jura de la Independencia que en 1904 fue cubierto por un pabellón de ladrillos.

Casita de Tucumán, en plenas remodelaciones

Durante las tareas de restauración.

Casi 40 años después, en 1941, la casa fue declarada Monumento Histórico Nacional y se presentó un proyecto para reconstruirla de la manera más fiel posible a aquella de 1816. La obra fue dirigida por el arquitecto Mario Buschiazzo quien se basó en una fotografía de 1868, de Ángelo Paganelli, y en los planos que obtuvo el Estado una vez comprada la edificación. Esta tarea comenzó en 1942 y fue terminada el 24 de septiembre de 1943, como detalle se usaron los mismos tipos de ladrillos y tejas para dar la mayor impresión posible de que la edificación no había cambiado.

9 de Julio, Congreso de Tucumán

Declaración de la Independencia.

Las últimas obras importantes para su mantenimiento se realizaron en la década del 90 con el reemplazo y limpieza de tejas, además se cambió el color de las puertas y ventanas a azul ya que por una investigación que realizó la Dirección Nacional de Arquitectura se comprobó que durante 1816 se había comprado pintura de ese color.

Actualmente “la Casita” funciona como museo y es la sede principal en cada 9 de Julio cuando se realizan los festejos por la independencia con la presencia del Jefe de Estado.

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