Nuevo Orden Mundial: el plan siniestro para «matar sin que se note»

Quienes manejan los hilos ocultos del poder mundial, siempre desde las sombras, saben encontrar el mejor modo de hacer más redituable su paso por este mundo. Y cuando digo «mejor modo», quiero decir solo para ellos.

La historia es cíclica, es decir, hay hechos y circunstancias que suelen repetirse cada tanto, aunque cambien sensiblemente las formas para ejecutar el plan. Muchas veces (y esto ha sucedido) se organizaron guerras con el objetivo encubierto de «sacarse de encima» a la gente que «sobra».

Malas noticias: lo mismo volverá a suceder.

Pero claro que los popes de la dominación global también saben ser más «creativos». Y no precisamente para mejor.

Ejemplo sobran al respecto, pero en estas particulares circunstancias que atraviesan -de lado a lado- a la humanidad toda, pongo la mirada en las (no tan) inesperadas palabras de varios referentes del Nuevo Orden Mundial en los tiempos recientes. Actualmente (y contrariamente a lo que sucedía en el pasado, dada la inexistencia de los modernos medios de comunicación y las redes sociales) resulta imposible mantener ciertas cosas en secreto. De modo tal que, ellos mismos se encargan de que el mundo entero se entere lo que piensan. Y tienen el «tupé» de declamarlo a los cuatro vientos. Ellos, solo ellos, no tienen ningún reparo en decirlo.

¿Perversos? Se verá.

Lo que no puede dudarse es que claramente tienen un plan siniestro: matar sin que se note. Cada uno sabrá sobre sus intereses y motivaciones particulares para hacerlo.

La pandemia de coronavirus que azota al planeta en su conjunto, llevó a la muerte y el contagio de millones de seres humanos. Gente común, como vos o como yo, que -sin embargo- para los «Todo poderosos» son simplemente un número, una fría estadística. Si los números no le cierran, entonces hay que hacerlos cerrar. Según los «jefes», hay mucha gente en el mundo, e incluso muchos son (como solían decir los nazis) «bocas inútiles», que ocupan lugar, generan gastos «evitables» y no producen nada en su propio beneficio.

En síntesis: esa gente no puede seguir viviendo.

Pero… ¿cómo logralo? Tal vez creando un virus que se encargue de completar el «trabajo sucio». Con este marco, viene al caso recordar lo dicho por los más influyentes personajes que rigen los destinos de la humanidad durante los días que nos tocan vivir. Lo mejor en estos casos es que sean ellos mismos quienes hablen. Y así lo hicieron.

Dijo Henry Kissinger, eterno Consejero político y exsecretario de Estado de los Estados Unidos: «Sí, mucha gente va a morir cuando se establezca el Nuevo Orden Mundial, pero será un mundo mejor para los que sobrevivan».

Por su lado, expresó luego Ted Turner, el multimillonario fundador de la cadena internacional de noticias CNN: «Necesitamos reducir la población mundial a 2 mil millones y tener una política de 1 niño por familia por 100 años».

Otro de los que habló fue Bill Gates, el magnate de Microsoft: «Tenemos superpoblación. El mundo tiene 6,8 mil millones. Eso se dirige a 9 mil millones. Ahora, si hacemos un gran trabajo con vacuna, atención médica y servicios de salud productiva, podríamos reducirla en, quizás, 10% ó 15%».

También, por supuesto, llegó el turno de David Rockefeller en su momento. Este hombre, banquero y magnate de la industria del petróleo, dijo muy suelto de cuerpo: «Estamos al borde de una transformación global. Todo lo que necesitamos es una crisis y las naciones aceptarán el Nuevo Orden Mundial«.

Finalmente, no podía faltar la palabra de Christine Lagarde, la expresidenta del Banco Central Europeo y exdirectora del Fondo Monetario Internacional (FMI): «Los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global. Tenemos que hacer algo ¡y ya!».

Escalofraintes pensamientos que, por supuesto, ninguno de ellos se va privar de hacer realidad. Tenebrosa tela araña en la que millones de personas están definitivamente atrapadas. Los generadores del Nuevo Orden Mundial, unidos por una alarmante coincidencia: ellos siempre hablan en plural, haciendo velada mención a un misterioso e intangible «nosotros».

Nada tienen que envidiarle al mismísimo Adolf Hitler.

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