El gran secreto revelado de Jean Marie Loret: «Soy el hijo de Adolf Hitler ¿qué debo hacer?»

Un día de 1914 un grupo de campesinas francesas llevaban a cabo sus habituales tareas de recolección de paja al borde de una ruta cuando advirtieron, del otro lado del camino, a un joven soldado alemán que las observaba mientras disfrutaba de una jornada de descanso en la zona de Fournes-en-Weppe, cerca de la norteña ciudad de Lille, en Francia.

Curiosas, las campesinas decidieron que una de ellas se acercara al soldado para averiguar de quien se trataba. La elegida se llamaba Charlotte Lobjoie, de 16 años de edad.

El joven soldado se llamaba Adolf Hitler, quien con sus papeles y lápices en mano (dada su pasión por el dibujo y la pintura), había conseguido obtener un permiso para descansar lejos del frente de batalla, mientras los germanos combatían a los franceses en la zona de Picardía durante los días de la «Gran Guerra». Ese acercamiento dio lugar a una relación sentimental que habría sido coronada con el nacimiento de un hijo.

Jean Marie, el niño en cuestión, nació entre el 18 y el 25 de marzo de 1918 en Seboncourt (región de Picardía, Francia) y con el paso de los años no sólo se convirtió en un casi anónimo trabajador del ferrocarril, sino que de buenas a primeras paso a ser el «hijo de Hitler»clamando por el reconocimiento del apellido de su padre durante años.

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Desde recién nacido, Jean Marie fue rechazado por su progenitor y por sus compañeros, quienes lo trataban de «sucio alemán». Su madre, Charlotte, un día lo entregó a una familia sustituta, la cual extrañamente se instaló durante los años ’20 en un cómodo departamento en Francfort (Alemania) sin ni siquiera haber invertido un centavo en el mismo.

Adolf Hitler, recibía noticias de su «hijo» de tanto en tanto pero el lazo padre e hijo nunca llegó a consumarse.

Un buen día, Charlotte le dijo a su hijo: «Tu padre era Hitler» y de allí en más Jean Marie Loret (tal el apellido con el que vivió toda su vida) comenzó una cruzada destinada a ser reconocido finalmente como el hijo del Führer nazi, sin vueltas y sin la más mínima intención de ocultarlo.

 

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La obsesión de Jean Marie Loret por demostrar ser el hijo no reconocido de Hitler lo llevó a una búsqueda frenética, que incluyó interrogatorios a testigos de la época e investigaciones de fisonomía comparativa y estudios sanguíneos en el Instituto de Antropología y Genética en la Universidad de Heidelberg.

La ciencia determinó que los dos hombres (Adolf Hitler y Jean Marie Loret) compartían el mismo grupo sanguíneo. Finalmente también solicitó análisis grafológicos y todo pareció darle -poco a poco- la razón.

Así, llegó entonces el momentos en que golpeó la puerta del estudio de Francoise Gibault, un abogado de París, y al ser recibido, dijo lo que debía decir: «Soy el hijo de Adolf Hitler… Dígame ¿qué debo hacer?»

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Cuando su madre falleció, Jean Marie Loret advirtió que en la casa había cuadros originales firmados por el mismísimo Hitler (era un eximio pintor y un gran dibujante). Loret, vivió extrañamente los días de la segunda guerra mundial luchando contra los nazis en Francia y convirtiéndose en el agente «Clément» formando parte de la resistencia francesa.

Loret murió en 1985, en la ciudad de Saint-Quentin, Francia. El misterio en torno a su verdadera identidad aún sigue flotando en el aire.

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