Obra Maestra: Mafalda cumple 55 años

Mafalda, la creación universal de Quino, está cumpliendo 55 años. Se publicó por primera vez un 29 de setiembre de 1964. La tira se inscribe en una tradición fulgurante de la historieta argentina. Mafalda, la niña tierna, irreverente y revolucionaria de los ’60 y ’70, creada por el dibujante e historietista mendocino Joaquín Lavado, cumple el domingo 55 años.

Mafalda, la nena de abundante melena negra con corte «carré», fue publicada por primera vez el 29 de septiembre de 1964 en la revista Primera Plana.

Su autor, Joaquín Salvador Lavado, nació el 17 de julio de 1932 en el departamento Guaymallén, de la ciudad de Mendoza.

Lavado fue el tercer hijo de un empleado de bazar y de una ama de casa andaluza y charlatana, ambos inmigrantes españoles. Muchos de los personajes de la tira se inspiran en ellos.

¿Cómo surgió el nombre Mafalda? Quino se inspira en la película «Dar la cara» (1962), de José Martínez Suárez, con David Viñas como coguionista. En el argumento hay una beba llamada Mafalda. Quino anota ese nombre.

Mafalda nació de las manos de Quino, en los años sesenta, casi por casualidad, pues es fruto de un encargo publicitario. Este proyecto fracasó, pero Mafalda ya había visto los primeros rayos de luz y el historietista la usó para añadir un poco de humor a la revista Primera Plana.

A partir de ahí, esta tira cómica publicada entre 1964 y 1973 se fue colando en las casas de casi todo el mundo, con más de 30 traducciones, las últimas al hebreo, al guaraní y al armenio. Incluso existe una versión en braile.

Tiene además una versión animada, un filme estrenado en 1982.

El éxito de la tira es universal. El Nobel de Literatura José Saramago la proclamó «su maestra de filosofía» y el semiólogo Umberto Eco la elogió en el prefacio de la edición italiana, publica la web de la revista uruguaya Subrayado.

La última tira de Mafalda apareció el 25 de junio de 1973 en la revista Siete Días y es una única viñeta en la que Mafalda mira a sus amigos y les anuncia que les van a dar un descanso a los lectores. Y les advierte que si a alguno de ellos se le ocurriera aparecer en otro medio deberá atenerse a las consecuencias. Dice en tono de decreto: … «Si alguien se trasladare, mudare y/o apareciere en otra revista y/o diario, (el director) a patadas nos agarrare».

Una semana antes de la última tira, es la chismosa Susanita la que divulga la información: «Ustedes no digan nada que yo les dije, pero parece que por el preciso y exacto lapso de «un tiempito» los lectores que estén hartos de nosotros van a poder gozar de nuestra grata ausencia dentro de muy poco».

Darle un cierre a Mafalda le costó a Quino: «No quería que fuera como esas historietas que la gente lee por costumbre, pero que no tienen sentido. Además, hacer una historieta no es lo mismo que hacer una página de humor. Es un trabajo más rutinario, y por lo tanto uno se siente más limitado. La historieta obliga a dibujar siempre a los mismos personajes y en la misma medida. Es como si un carpintero tuviera que hacer siempre la misma mesa, y yo también quería hacer puertas, sillas, banquitos… Una vez me preguntaron si no pensaba en resucitarla. Y resucitarla significaría que está muerta. Nadie duda de que está bien viva, afortunadamente».

La tira se inscribe en una tradición fulgurante de la historieta argentina. Con antecedentes como Patoruzú (1928), de Dante Quinterno; Don Fulgencio (1934), de Lino Palacio, y revistas como El Tony (1928), la historieta local tiene su época dorada entre las décadas del 40 y del 70, al calor de la gran maquinaria editorial y de prensa gráfica, con revistas como Rico Tipo (1944-1972), de Divito, y Tía Vicenta (1957-1966 y 1977-1979), de Landrú. Una mención aparte dentro de este linaje merecen El Eternauta (1955), con guión de Héctor Oesterheld y con dibujos de Solano López (1957) y una readaptación con dibujos de Alberto Breccia (1969), y la figura del italiano emigrante Hugo Pratt, con El Corto Maltés, una de las historietas de aventura más famosas del siglo XX, publica la web del diario Clarín.

Para la historiadora Isabella Cosse, que le dedicó un estudio a la creación de Quino en Mafalda: historia social y política, el personaje resulta clave para entender parte de la última mitad del siglo XX.

«Expresa la emergencia de los jóvenes y las nuevas generaciones rebeldes de los años 60. Y también expresa las confrontaciones generacionales y de género. Había chicas jóvenes que estaban desafiando a sus madres como Mafalda desafía a la suya, confrontando con el mandato doméstico de ser una buena ama de casa y una buena madre que resigna su proyecto de estudio y de realización personal».

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