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Noche histórica en el Gran Rex para «Charly Garcia»

La tentación de transcribir completa la letra de «Ojos de videotape» está latente. Las ganas de volverla a cantar con todas las fuerzas también. Es que este tema del exitoso Clics Modernos (1983) es uno de los más lindos de toda la carrera de Charly García. Uno de los que más gusta y de los más pegadizos.

Sepan disculpar si el periodista se emociona cuando escribe estas líneas. Pero créame si no estuvo en el Gran Rex: fue un momento mágico que hizo que se le ponga la piel de gallina a más de uno.

El ex Sui Géneris volvió a presentar «La torre de Tesla» y desató la locura de sus fans con un show que duró una hora y media. Acompañado -como de costumbre- por Kiuge Hayashida en guitarra, Carlos González en bajo, Toño Silva en batería, Fabián «El Zorrito» Quintiero en teclados y Rosario Ortega en coros, dejó todo en otra noche mágica, inolvidable e histórica.

El show comenzó a las 20:50 con «De mí», canción que viene interpretando en sus últimos conciertos con guitarra eléctrica en mano. Luego llegó el turno de intercalar los temas «históricos» con los de Random, su último álbum. Es por eso que «La máquina de ser feliz» rápidamente se hizo lugar en la noche para posteriormente darle paso a la primera gran ovación.

«Buenas noches Argentina», lanzó el protagonista de la velada y el público explotó con un contundente: «Olé, olé, olé, olé… Charly, Charly». «Dios bendiga la rivalidad», expresó el artista segundos antes de cantar otra pieza de su último disco: «Rivalidad».

Luego llegó el turno de un clásico que desató la segunda ovación de la jornada: «Yendo de la cama al living». Ante estos nuevos aplausos, el músico agradeció en francés: «Merci beaucoup». A esta altura de la noche, el clima era de fiesta en el teatro y todo lo que se expresaba arriba del escenario impactaba con alegría en un público dispuesto a disfrutar de otro encuentro con su héroe.

«Sos el mejor del mundo Charly», gritó un fanático desde la platea y el ex Serú Girán no demoró en responder: «Ya sé». Otra ovación más. Se notaba que la estaba pasando muy bien.

Una soberbia interpretación de «In the city» hizo que el propio García se preguntara y respondiera: «¿Les gustó? Está bueno». Inmediatamente llegó el turno de «Cerca de la revolución» y ya no quedó ningún espectador sentado en su asiento. La locura era total.

Con el correr de los minutos, era evidente que la noche pintaba para ser más larga que las anteriores. Daba la sensación que el músico no estaba cansado y su buen humor ayudaba seguramente para que se sienta bien y cómodo frente a su piano.

«Salud», manifestó Charly antes de tomarse un respiro y un poco de agua. «Y… ahora una canción que le dicen ‘King Kong’. Pobrecito, se enamoró de una enana así», dijo haciendo el gesto de «chiquitita» con su mano. Otra vez risas en el público.

Con la idea de seguir intercalando canciones nuevas con las más antiguas, apareció «Lluvia», uno de los éxitos de Random. Sin embargo, en este recital -a diferencia de otros-, el artista se inclinó por hacer más temas «viejos».

Es por eso que siguió una seguidilla de clásicos de todos los tiempos: «Parte de la religión», «No llores por mí Argentina», «Cuchillos», «Canción de 2×3» (otro momento alto de la noche con todo el teatro a oscuras y unas luces blancas que giraban entre el público), «El aguante» («Este es el aguante. Esto es rock and roll», disparó), «Rezo por vos», «Demoliendo hoteles» y «Nos siguen pegando abajo».

Hasta ahí se había cumplido una hora exacta de show. A las 21:50 Charly dijo: «Buenas noches, feliz Navidad. Dios los bendiga». Y se corrió el telón. Las dudas sobre si iba a continuar -teniendo en cuenta los antecedentes- estaban instaladas pero rápidamente quedaron atrás.

A las 22:00 se abrió la cortina nuevamente y el hombre del bigote bicolor apareció junto a Roberto Pettinato para hacer «Happy and real».

«Dale Petti», le dijo en el medio de la canción para alentar al saxofonista y desató las carcajadas de la gente. Se notó algunos desacoples entre ambos pero fueron subsanados con humor y elegancia.

Luego Charly se puso «heavy» y, con guitarra en mano de nuevo, hizo «Break it up», un rock pesado del disco Kill Gil (2010). «La última canción que hice», manifestó, aunque sabemos que en estos nueve años compuso más temas.

Después cantó «El día que apagaron la luz» e hizo un pedido: «Tenemos que grabar a la gente». A Charly lo conmovió el cariño del público y no pudo disimular su emoción. Pero aún faltaba más: «I’m not in love», «Asesíname», «Ojos de videotape» y «Total interferencia» fueron los últimos cuatro temas hasta que se corrió definitivamente el telón.

Un párrafo aparte merece «Ojos de videotape», mencionada al comienzo de la nota. Fue una interpretación conmovedora de un tema conmovedor que no suele tocar en vivo últimamente. Y por eso emocionó. En tiempos donde vemos que «el mundo gira al revés», el gran Charly «lo enderezó» con su arte y nos regaló otra noche mágica que quedará en la historia.

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