Permanecer callado se ha convertido en el secreto para el éxito

El hecho de que sigamos sin saber muchísimas cosas sobre algunas de las personas más famosas del planeta resulta emocionante. Pero, ¿es la percepción más interesante que la realidad?

Hace cinco años me encontré en la estación de metro Rayners Lane de Londres con Jai Paul, el enigmático productor cuyo inefable single de debut BTSTU había abierto todo un nuevo camino en Internet. En aquel momento nunca había concedido una entrevista hasta la fecha y había algo increíblemente encantador en su confusión con respecto a por qué querría nadie hablar con él.

Era extraño, pero tenía la impresión de que podía lanzar música para disfrute de la gente y ya está, que eso era todo. A pesar del gran revuelo creado a su alrededor, amplificado por su segundo single Jasmine, Paul desapareció silenciosamente hasta su breve reaparición en 2013, después de que se filtraran en Internet un puñado de sus demos.

Aquella discreta charla en un pub del noroeste de Londres sigue siendo su única entrevista, el reflejo de un artista dispuesto ―al menos en principio― a dejar que la música hablara por él. Este fenómeno también ha echado raíces en las altas esferas de la música mundial y así podemos ver a figuras como Frank Ocean, Beyoncé, Drake e incluso Rihanna eligiendo el silencio controlado en lugar del parloteo constante.

El hecho de que sigamos sin saber muchísimas cosas sobre algunas de las personas más famosas del planeta resulta emocionante. Pero, ¿es la percepción más interesante que la realidad?

Hace cinco años me encontré en la estación de metro Rayners Lane de Londres con Jai Paul, el enigmático productor cuyo inefable single de debut BTSTU había abierto todo un nuevo camino en Internet. En aquel momento nunca había concedido una entrevista hasta la fecha y había algo increíblemente encantador en su confusión con respecto a por qué querría nadie hablar con él.

Era extraño, pero tenía la impresión de que podía lanzar música para disfrute de la gente y ya está, que eso era todo. A pesar del gran revuelo creado a su alrededor, amplificado por su segundo single Jasmine, Paul desapareció silenciosamente hasta su breve reaparición en 2013, después de que se filtraran en Internet un puñado de sus demos.

Aquella discreta charla en un pub del noroeste de Londres sigue siendo su única entrevista, el reflejo de un artista dispuesto ―al menos en principio― a dejar que la música hablara por él. Este fenómeno también ha echado raíces en las altas esferas de la música mundial y así podemos ver a figuras como Frank Ocean, Beyoncé, Drake e incluso Rihanna eligiendo el silencio controlado en lugar del parloteo constante.

Dos artistas que han abrazado esta idea del enigma son Beyoncé y Frank Ocean. Desde 2013, cuando se produjo el repentino lanzamiento de su quinto álbum que llevaba su propio nombre, Beyoncé apenas ha pronunciado palabra para una entrevista impresa. El año pasado incluso apareció en la portada del codiciadísimo número de septiembre de Vogue sin concederles ninguna entrevista. En lugar de ello, la revista encargó a la escritora ganadora de un Premio Pulitzer Margo Jefferson que escribiera sobre ella. Cuando el New York Times le preguntó por qué Beyoncé podría encontrar más beneficioso permanecer en silencio, Jefferson dijo: “Ha estudiado detenidamente hasta qué punto han sido efectivas sus entrevistas hasta ahora y puede que haya decidido que no contribuyen de forma tan resplandeciente al retrato de Beyoncé como otras cosas. Es una decisión perfectamente razonable”.

Eso no quiere decir que Beyoncé evite completamente las redes sociales (aunque rara vez tuitea), pero elige muy cuidadosamente cómo y cuándo compartir información. Se publican fotos en su Tumblr y después una selección de las mismas se sube a su Instagram. A veces hay comentarios o emojis y otras veces las imágenes se dejan tal cual, porque Beyoncé es plenamente consciente de que los demás añadirán el significado o la importancia de esas fotos a través del ciclo de noticias online. La idea de que todavía no sepamos un montón de cosas sobre una de las personas más famosas del planeta resulta emocionante y, a menudo, la percepción es más interesante que la realidad.

Otro artista que ha conseguido controlar su perfil público y la información que comparte con el mundo según sus propios términos es Frank Ocean. Cuando decidió que era el momento adecuado para hablar sobre su sexualidad escribió una nota al respecto y la publicó en su Tumblr. Después de lanzar por fin su esperadísimo segundo álbum Blond (o Blonde) ―que también se incluyó en su propia revista, Boys Don’t Cry― volvió a publicar una nota en su Tumblr agradeciendo medio en broma la paciencia de sus fans. Hasta el momento eso es todo lo que ha dicho con respecto a uno de los álbumes más comentados de este año. Tanto con Beyoncé como con Frank Ocean, el consenso es que todo lo que cualquiera pueda necesitar saber está en la música misma.

También resulta interesante que Rihanna haya adquirido incluso más control sobre su percepción por parte del público en torno a Anti, un disco que parece más bien una obra de arte profundamente personal (es coautora de la mayoría de las canciones, por ejemplo). Sí que ha concedido entrevistas ―NME, New York Times, Vanity Fair―, pero su portada para The Fader no iba acompañada de una entrevista y sus tuits y publicaciones en Instagram son menos frecuentes y buscan menos acaparar los titulares de forma consciente (¿recordáis cuando se tomaba la molestia de pelearse con Ciara en Twitter?). Su mejor amigo Draketambién se mantiene muy callado con los medios impresos y apenas ha pronunciado palabra en el dictáfono de un periodista desde el lanzamiento de Views. Por supuesto que ha visitado los sillones blancos de Ellen DeGeneres, ha estado con Jimmy Fallon y estuvo charlando con Zane Lowe de Beats 1, pero estos son espacios bastante seguros y manejables.

En todo esto está implícita la idea del ciclo de noticias de la era moderna. En los idílicos tiempos de Prince, Madonna y Michael Jackson, una cita en una entrevista ―incluso hecha en el momento adecuado― podía sacarse de contexto y ser el tema principal de una noticia en un tabloide. Resultaba frustrante, es cierto, pero era algo temporal. Como se suele decir, ese tabloide acababa siendo el envoltorio de unos fish and chips al día siguiente y todo quedaba en el olvido.

En la actualidad, una cita casual ofrecida en una entrevista vive para siempre en Twitter, donde a su vez puede verse cómo dicha cita se convierte en un artículo de prensa. Cuando se enfrentan a esa posibilidad, no es de extrañar que los músicos utilicen un medio de comunicación que puedan controlar firmemente. Las redes sociales con frecuencia ofrecen una peligrosa ilusión de realidad, pero también ofrecen una inmediatez que no pueden ofrecer los medios tradicionales. Lily Allen, por ejemplo, puede publicar un tuit para desmentir una historia publicada por un tabloide tan pronto como aparece, acallando los rumores antes de que tengan ocasión de difundirse. Tal y como dijo el representante artístico Parker Stowell al New York Times, “La gente cada vez sabe más. Tienen su propio tipo de medio de comunicación. No tienen más que publicar lo que quieran en Instagram”.

Otra cadena de pensamiento elocuentemente esbozada por la periodista Laura Snapes en Twitter es que es el ciclo de noticias en sí mismo el que empuja al artista a retraerse y permanecer en silencio. Totalmente conscientes de que cualquier adelanto relacionado con la música que ofrezcan se transformará en un artículo que puede modificar completamente la percepción de un álbum que quizá todavía no está acabado, los artistas buscan alejarse de este juego tan peligroso.

Con la cantidad de comentarios caóticos que se generan en torno a la creación de un álbum -o incluso de un single- tiene sentido que los artistas elijan o bien lanzar su trabajo repentinamente y sin avisar (Beyoncé y Rihanna hasta cierto punto), o bien, después de mucho posponerlo, lanzarlo sin demasiado ruido (Frank Ocean). Ofrecer demasiada información también puede crear un frenesí entre artistas y fans que se retroalimenta, y entonces los fans, después de haber sido provocados hasta el delirio, se lanzan sedientos de sangre (info, canciones, LO QUE SEA) si se pospone el álbum.

Después de que el álbum de Madonna Rebel Heart se filtrara antes de ser anunciado, algunos fans sugirieron que Madonna tenía en parte la culpa por haber provocado la histeria anunciando y después posponiendo el lanzamiento. Probablemente no es ninguna coincidencia que Beyoncé decidiera lanzar después de Four ―un álbum que se filtró seis semanas antes de su publicación oficial― un álbum sorpresa envuelto en misterio que llegó totalmente carente de contexto.

Entonces, ¿adónde nos dirigimos llegados a este punto? No todos los artistas tienen el peso de Beyoncé o Frank Ocean y necesitan utilizar las redes sociales para enganchar a sus fans. También necesitan conceder entrevistas y hacer anuncios para la tele a fin de generar interés. Lo que nadie necesita, sin embargo, es que todas estas cosas ensombrezcan la música, es decir, la razón última de que todo esto exista. La semana pasada, Lady Gaga ―la estrella del pop más grande de la era digital y una de las personas más seguidas en las redes sociales― lanzó Perfect Illusion, su muy esperado regreso al pop después de años sumida en el mundo del jazz.

Pero en lugar de obligar a que todo el mundo estuviera expectante sobrecargando las redes sociales como hizo con su álbum de 2013 Artpop, su campaña ha mantenido un perfil relativamente bajo: sus posts en Instagram iban revelando lentamente los colaboradores de los singles, las ilustraciones y el hecho de que existe un vídeo. Mientras tanto, Twitter se ha mantenido relativamente callado. En cuestión de entrevistas, ha hecho un poco de radio y prácticamente nada más. A veces la emoción genuina se genera cuando se le deja espacio suficiente para hacerlo. Parece que, efectivamente, menos es más.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *