Cómo convivir en paz cuando los intereses, estilos y hábitos de una pareja son opuestos

Los polos opuestos se atraen o, al menos, eso dicen. En muchos sentidos, esa frase suele funcionar bastante bien en una pareja porque se complementan los intereses, los estilos y los hábitos de cada uno. Pero un área donde las diferencias de una pareja puede hacer que la convivencia no sea algo armonioso es la organización del hogar.

He trabajado con muchos clientes que piensan que la organización suele ser un motivo de discordia con el cónyuge. Se discute por todo, por dónde están las llaves, a quién pertenece el correo, cómo tramitar el pago de las facturas, la lavandería y las compras del supermercado. Parece que estas cosas no deberían ser difíciles para que los adultos se pusieran de acuerdo. Pero lo son, y por muchas razones. A menos que las parejas encuentren fórmulas para lidiar con su división organizacional, el estrés en una relación puede llegar a ser muy grande. Tanto para el cónyuge limpio como para el que está más relajado y desaliñado. A continuación hay una lista de cosas que ha hecho la gente para que las cosas funcionen.

Cuando una pareja se muda o se casa, a menudo asumen que la cohabitación significa que deben compartir todo. Pero una vez que las cajas de desembalan y comienzan a instalarse, se hace evidente que una persona prefiere un armario muy ordenado y al otro no le importa si todas las camisas se cuelgan en la misma dirección o si los zapatos están alineados. Puede resultar normal que a una persona le guste tener un escritorio ordenado y con las cosas guardadas mientras que otra prefiera tener todo al alcance de la mano.

Es una buena idea tratar de hacer que los espacios comunes funcionen, pero también está bien darse cuenta de que ninguno de los dos va a cambiar de la noche a la mañana para acomodar los deseos del otro. Así que puede ser mejor si una persona establece un escritorio en la planta baja o decide tener un armario en otra habitación. Las personas funcionan de una forma diferente y pocas veces son capaces de cambiar los hábitos adoptados durante muchos años. Así que no pierdas tiempo intentando que tu cónyuge cambie su manera de pensar. Renunciar a tener que compartir todo no es un fracaso. La voluntad de adoptar un enfoque diferente es una señal de respeto.

En algunas parejas, es posible que una de las personas no pueda tener una de las habitaciones organizadas, pero sí que esté dispuesto a comprometerse en otras áreas del hogar. Tal vez tu cónyuge insiste en que las repisas de la cocina deben estar libres de papeles al final del día o que no se pueden acumular los zapatos en la puerta principal. Haz reglas claras sobre ciertos espacios. Las directrices deben ser específicas, alcanzables y ejecutables. Por ejemplo, antes de que venga el servicio de limpieza, todo debe recogerse del suelo. Esta estrategia permite a ambos cooperar en el espacio compartido.

En la mayoría de los hogares, hay un par de áreas que suelen verse abarrotadas y desorganizadas. A veces, los espacios que reciben más tráfico, como la cocina o la sala de estar, se suelen llenar de cosas. Y, a veces, en los lugares menos utilizados las cosas tienden a quedarse escondidas hasta que, más tarde, se encuentran: el dormitorio, el comedor o la sala inacabada del sótano. Pero para una persona organizada, la ubicación de las salas es algo irrelevante. No les gusta cuando las cosas están fuera de lugar o cuando son difíciles de localizar. Para el menos organizado, si el desorden no se ve piensa que nadie tiene motivo para estar ofendido. Sin embargo, se deberá prestar cierta atención a eso. Si tu sabes a qué habitación pertenecen las cosas, te puedes encargar de ordenar ese espacio mientras que tu pareja pueden hacer otro lugar de la casa. Hay que dividir el espacio y fijar un plazo. Acepta limpiar tu espacio designado todos los domingos por la noche o cada dos semanas. El resentimiento se construye cuando una persona está a cargo, así que sé justo y divide la responsabilidad de manera uniforme.

No hacer nada cuando hay desacuerdo en cómo vivir y disfrutar de la casa no es una opción viable. Si no podéis resolver vuestras diferencias, llamad a un tercero para que haga un asesoramiento objetivo. No necesita ser un organizador profesional, pero un pariente tampoco puede ser la opción ideal. Un amigo o un vecino puede ayudaros a limpiar o a ordenar un armario un par de veces al año, o incluso a daros consejos sobre cómo procesar las facturas. También podéis contratar a una persona de servicio para que venga a limpiar la casa cada pocas semanas. Esto no solo ayudará a mantener tu casa limpia, sino que también requiere que tú te encargues de ordenar y recoger antes de que venga el personal de limpieza.

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